La premisa básica de la pedagogía Waldorf es que el niño se forme con libertad y al mismo tiempo con un profundo sentido del orden,  la autoridad y la disciplina. La propuesta es que los niños aprendan según las capacidades y condiciones propias de su edad, relacionando los conocimientos adquiridos con la propia experiencia, de modo que se interesen y lo hagan propio, incorporándolos a su vida de manera práctica.

 

El educador Waldorf debe ser alguien que está en constante formación, no sólo académica sino personal, ya que se propone que la mejor educación viene con el ejemplo. Además de tener el reto de conocer a cada uno de sus alumnos para saber guiarlos e impulsar sus capacidades individuales.

 

La pedagogía Waldorf nació en Alemania en el año de 1919 a partir de los principios que desarrolló el filósofo y pensador Rudolph Steiner, quien plantea que el ser humano se divide en: cuerpo, alma y espíritu, cuyas capacidades se desarrollan a lo largo de tres diferentes etapas, de 7 años cada una, antes de llegar a la edad adulta: infancia temprana, media y adolescencia. Cada etapa indica la forma en que es mejor aprender para el niño, según las capacidades que se estén desarrollando en ese momento.

Según refiere un estudio Pisa, realizado en Alemania en 2012: “Los alumnos Waldorf aprenden con más entusiasmo en comparación con alumnos de escuelas estatales, se aburren menos, se sienten acompañados de una manera más individual, y en la escuela aprenden especialmente a conocer cuáles son sus talentos.”

(...)El énfasis en la responsabilidad personal y la autonomía ayuda a los alumnos a prepararse de manera óptima para la vida que les espera después de la graduación. “Hay un alto grado de congruencia entre lo que el mundo exige de las personas y lo que se promueve en los alumnos Waldorf”"

 

(Extracto tomado de un artículo publicado en el periódico alemán Die Welt, el 26 de septiembre de 2012)